Alfredo Moneda / Cuidar el océano es deber de todos
¿Quién es Alfredo y de qué manera su vida tiene que ver
con el agua?
Soy un chico de Granada y biólogo marino residente en
Tenerife, Islas Canarias. Toda mi vida adulta ha estado centrada, de una manera
u otra, en torno al mar, ya sea a través de mis pasiones o de mi trabajo. En el
último año, con Innoceana, la ONG de conservación marina de la que formo
parte, he podido trabajar en diferentes lugares en proyectos relacionados con
cetáceos y mamíferos marinos, así como con conservación y educación ambiental
en general.
Además, como mencionaba antes, vivo el agua también gracias a mis hobbies. Me
encanta estar en contacto con el océano, ya sea en un barco o nadando/buceando
con una máscara.
¿Cuándo y cómo empezó este amor por el mar? ¿Cuándo
entendiste que querías trabajar de esto?
Creo que, sin darme cuenta, todo empezó cuando era niño.
Aunque el resto del año vivía en Granada, todas mis vacaciones las pasaba
siempre en el mar. Me fascinaba lo que había allí abajo: las medusas, los
peces…
Recuerdo que con 15 años, quizá incluso antes, mi padre que era buceador, me
dejó hacer el bautismo de buceo y luego sacar el primer título. Ahí descubrí un
mundo: todo lo que leía en los libros o veía en los documentales de National
Geographic era real. Lo estaba viendo con mis propios ojos.
Durante mucho tiempo no tuve claro si quería dedicarme a la biología marina, porque es una carrera muy complicada. Sin embargo, poco a poco la vida me demostró que, si quería ser feliz, tenía que vivir por y para el mar. Sin darme cuenta fui tomando decisiones que han hecho que, a día de hoy, mi trabajo y mi pasión estén alineados con el océano. Es mi gran suerte en la vida, aunque tuve que trabajar duro para llegar hasta donde estoy hoy.
Hablando de momentos específicos, quizás es difícil
elegir uno, pero…
¿Cuál es tu mejor recuerdo en el agua?
Cuando me pasaste la pregunta pensé: “Eso es imposible, no
puedo responder con un único recuerdo”. En los últimos siete años mi vida
laboral y personal ha estado enteramente dedicada al mar. Podría destacar, por
ejemplo, cuando trabajando en Tarifa veía grupos de orcas y delfines; o cuando
en Portugal las ballenas confundían nuestro barco con otras ballenas e
intentaban cortejarlo y reproducirse con él. Buceando también he vivido
momentos únicos.
Teniendo todo esto en cuenta, quizá podría elegir una
sensación única y frecuente más que un momento concreto: estar en mitad del
océano, en un barco, flotando con el movimiento de las olas, escuchando el mar,
con el sol pegándote en la cara y disfrutando de esa paz. Creo que la palabra
para describir todo esto es meditación. Es un momento en el que puedo
estar tranquilo y conectar con el océano.
Me anticipaste con la siguiente pregunta. Quería
preguntarte cómo te hace sentir el mar y qué significa el agua para ti, pero ya
lo explicaste muy bien. ¿Te gustaría añadir algo más?
Para mí el mar tiene dos caras, es como una moneda. Por un
lado está esa sensación de paz y tranquilidad, de estar lleno, de amor puro.
Luego está la otra cara, que es la lucha. Hay veces que el mar está calmado y
otras en las que es una tormenta. Cuando vives cerca del mar, al final
compartes estas dos caras de la moneda.
Además, trabajar por y para el mar es una lucha constante. No es un trabajo
fácil; es un trabajo en el que te enfrentas a muchas barreras, tanto personales
como laborales. Es una antítesis.
Volviendo ahora a centrarnos en el ámbito laboral,
¿cuál fue el obstáculo o momento más difícil que enfrentaste durante tu
carrera?
La verdad es que la carrera de biólogo marino no es fácil.
Es un sector en el que hay poco trabajo y mucha competencia. Muchas veces
durante mi trayectoria me planteé si debía escoger un camino más fácil y
cómodo, donde pudiera asegurarme un trabajo de por vida. Creo que ese fue el
punto más crítico de mi carrera: decidir entre el camino fácil o aferrarme a mi
pasión y luchar por ella hasta convertirla en mi trabajo.
Esto ocurrió cuando estaba estudiando el máster en Biología
Marina. Me di cuenta de que los dos ámbitos que más me gustaban —la
investigación con mamíferos marinos y la conservación— eran precisamente los
más complicados. Aun así, decidí apostar por ello y, a día de hoy, me está
funcionando. Actualmente trabajo para Innoceana, una ONG de biología
marina, y soy muy feliz.
Nunca olvidaré el camino recorrido antes de llegar aquí:
trabajé como observador pesquero en barcos del norte de España —Galicia, País
Vasco, Asturias, Cantabria— y también en el Gran Sol, en Irlanda. Era un
trabajo muy duro, con jornadas de 10 a 14 horas en un mar muy intenso, con olas
que superaban los 12 metros.
Entrando más en detalle sobre Innoceana,
¿qué es exactamente y qué proyectos tenéis activos en este momento?
La descripción oficial es la siguiente: una organización
global dedicada a la conservación marina a través de la educación, el trabajo
comunitario y la investigación. Yo suelo explicarlo de una forma más coloquial:
somos simplemente un grupito de personas enamoradas del mar, repartidas por el
mundo, que dedicamos nuestro día a día a hacer que el océano sea un lugar un
poco mejor que el día anterior.
La asociación tiene diferentes proyectos a nivel
internacional: estamos en Costa Rica, California, España (Canarias), el sudeste
asiático, Fiji y otras partes del mundo. Particularmente aquí, en las Islas
Canarias, se desarrollan varios proyectos, como “Los Jardines del Mar”,
que busca recuperar los sebadales (praderas submarinas que en los últimos 20
años han perdido el 50 % de su distribución y abundancia).
Además, hay otros proyectos muy interesantes, como “HOPE”,
que pretende poner en valor toda la riqueza del ecosistema que tenemos en
Canarias, concretamente en el sureste de Tenerife. Por ejemplo, ¿sabías que
tenemos una biomasa de calamares gigantes increíble? Es un lugar único en el
mundo y queremos que la gente conozca el tesoro que tiene justo enfrente de su
casa. Uno no puede cuidar algo que no conoce, por eso ponemos mucho énfasis en
la implicación de la comunidad local. Si el bosque o el monte está sucio, lo
ves; pero hay un porcentaje muy pequeño de la población que va al mar, y solo
ese pequeño porcentaje conoce lo que realmente sucede bajo el agua. Nosotros
estamos aquí por eso.
¿Qué les sugerirías a los jóvenes que quieren empezar la
carrera de Biología Marina como tú?
O mejor dicho, si pudieras volver atrás en el tiempo, ¿cambiarías algo?
Creo que lo más importante es ser consciente de lo que te
gusta, saber a dónde quieres llegar y dar el 100 % de ti para alcanzar tus
metas, sabiendo que va a ser duro. También es fundamental aprovechar todas las
oportunidades que aparezcan en el camino para ganar experiencia: participar en
prácticas, voluntariados… incluso organizar una limpieza de playas en tu pueblo
es una experiencia que enriquece.
Si yo pude llegar hasta aquí, todo el mundo puede llegar
hasta aquí. Y concluyo diciendo que no siempre hace falta tener el título de
biólogo marino para cuidar del océano.
Agradecemos a Alfredo Moneda por haber compartido un
mensaje tan potente.
Es curioso que los dos biólogos marinos que hemos entrevistado en este blog, y
que han llegado tan lejos en la industria, den los mismos consejos. ¿Será por
algo?
Si te perdiste la otra entrevista a la bióloga marina
residente en Baleares, échale un vistazo aquí:
“Gigi Torras / Donde el mar se convierte en propósito”.
¿Quieres descubrir más sobre este mundo?
Sígueme en Instagram (@underwater_angelica) para no perderte la próxima
entrevista.
¡Hasta pronto!





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