María Ángeles/El arte de empoderar a las pequeñas nadadoras
Hoy hemos tenido la oportunidad de hablar con María Ángeles, juez de natación artística, fundadora de una empresa de actividades acuáticas y mucho más…pero mejor que yo deje la palabra a ella para que se presente de la mejor forma.
¿Quién es María Ángeles y en qué modo su vida tiene que ver
con el agua?
Pues en muchos aspectos: yo soy la CEO de la empresa de
actividades acuáticas “Glu Sirenas” y he sido juez de natación artística. El
agua para mi es un espacio de equilibrio, libertad y propósito, por eso me decidí
a crear la empresa juntos con mis dos hijas Susana y Laura. Empezamos siendo
una empresa de servicio de socorrismo en piscinas descubiertas de verano. Más
tarde añadimos la escuela de natación sincronizada y, por último, las
experiencias de sirenas, una actividad que estaba comenzando en Estados Unidos.
La probamos aquí —y la probamos nosotras mismas, que éramos nadadoras—, vimos
que era segura, divertida y deportiva. Entonces nos lanzamos al agua, nunca
mejor dicho, y reconocimos que había sido una gran idea.
Gracias a esto conocimos lugares que de otra forma no
hubiéramos podido conocer y vivimos experiencias inolvidables. Un ejemplo es el
proyecto en Punta Cana, donde pudimos dar a conocer las sirenas y entretener a
los clientes de una forma diferente en algunos de los mejores resorts de la
zona.
Pasando a tu historia como juez de natación sincronizada…
¿Qué te motivó a convertirte en juez?
Mi hija Susana: yo la acompañaba a las competiciones cuando
ella aún practicaba natación sincronizada, y quería aprovechar ese tiempo de
forma útil. Así que hice el curso de juez y admito que fue una experiencia muy
bonita, aunque no siempre fácil. En las competiciones veía niñas muy pequeñas
que llegaban incluso con sus peluches, y yo tenía que puntuarlas —a veces con
notas bajas—, algo que me dolía en el alma. Ahí entiendes aún más que el camino
no siempre es fácil, pero que cada paso te acerca a una versión mejor y más
fuerte de ti misma. Estoy segura de que aquellas niñas que entonces tenían 8
años, si han seguido en este deporte, hoy serán personas fuertes, maduras y muy
comprometidas con los valores deportivos.
¿Cuándo y cómo nació tu pasión por el agua?
Empezó casi sin darme cuenta. De pequeña me metía en el mar
y, cuando mi madre me pedía salir, yo me iba a lo más hondo. El agua siempre ha
tenido un lugar muy especial para mí; en un momento de mi vida fue realmente un
salvavidas, y eso es lo que significa para mí.
Nos contaste un poco lo que significa el agua para ti. Si
profundizamos un poco más…
¿Cómo te hace sentir estar en el agua?
Me hace disfrutar del momento. Bajo el agua disfruto del
silencio absoluto. Estar en estos ambientes acuáticos me impulsa a enseñar
natación de forma muy natural, y además potencia mi habilidad para
transmitirlo. Quizá tenía una habilidad innata, no lo sé. Con los años he visto
que mucha gente me muestra su agradecimiento, y para mí es muy gratificante. En
particular recuerdo el caso de una nadadora de la Comunidad Valenciana que
ahora entrena en el Centro de Alto Rendimiento con el equipo nacional. Su madre
siempre me agradece y me dice que gracias a mí aprendió a nadar.
¿Cuál es tu mejor recuerdo en el agua?
Sin duda, los momentos con mis hijas pequeñas en la piscina.
A día de hoy tengo esas imágenes completamente nítidas en la mente: cómo
jugábamos, cómo nos divertíamos, cómo el agua era un espacio vital. Con el paso
de los años, lo que menos me esperaba era que aquello se transformara en una
empresa: el agua, mis hijas y yo.
¿Cuál fue el obstáculo o momento más difícil que enfrentaste
durante tu carrera?
Voy a generalizar, porque creo que es importante
transmitirlo con transparencia: no soy Superwoman. El miedo a no cumplir con
las expectativas era fuerte y me paralizaba. Aprendí a confiar en mí misma y a
actuar desde mi propia autoexigencia porque tenía que hacerlo; era
supervivencia.
Al final descubres que todos tenemos una fuerza enorme y que
a veces solo necesitamos a alguien que nos recuerde que sí podemos, alguien que
nos diga: “venga, ánimo, a por ello”. Este es uno de los valores que
comparto con las niñas de natación sincronizada.
Hay veces que llegan sin saber nadar, y lo primero que les
digo es que antes de la técnica hace falta que confíen en ellas mismas. Primero
tengo que ganarme yo su confianza; cuando ven que conmigo no corren peligro,
entonces es cuando pueden empezar a confiar en ellas mismas. Me gusta
recordarles: “si yo confío en ti, tú puedes confiar en ti. Si yo sé que
puedes llegar a la orilla, llegarás a la orilla”.
Creo que eso es algo importante que se está perdiendo; con
tantas pantallas estas cosas muchas veces no se trabajan. La temporada pasada,
varias madres me dijeron que hago hasta de coach motivacional. Yo no me daba
cuenta, pero al empoderar a las niñas en la piscina, luego llegaban a casa con
esa misma motivación para hacer muchas más cosas fuera del agua.
¿Qué les sugerirías a los jóvenes que quieren entrar en esta
industria como tú?
O mejor dicho: si pudieras volver atrás en el tiempo, ¿hay
algo que cambiarías?
Primero, no se puede retroceder en el tiempo. Si nos
equivocamos, debemos trabajar en el presente para mejorar y corregir. Pero lo
más importante es que los jóvenes crean en su propia fuerza, sin miedo a
equivocarse, porque todos nos hemos equivocado y seguiremos equivocándonos. Es
parte de la vida y del crecimiento.
También soy voluntaria en la Fundación Inspiring Girls, que
se dedica a empoderar a las niñas para que puedan conseguir sus propios
objetivos. Con este proyecto voy a escuelas y doy charlas sobre cómo construí
mi empresa, intentando transmitirles: “si yo puedo, tú también puedes”.
Cuando son más mayores, les sugiero que se rodeen de
personas que las inspiren y las impulsen hacia adelante, y que nunca permitan
que nadie les diga que algo no es para ellas.
Agradecemos a María Ángeles por su tiempo y por la generosidad de compartir mensajes tan importantes. Esta es solo la primera de muchas historias de natación sincronizada.
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para no perderte la próxima entrevista.



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